La Alpujarra
La Alpujarra No soy yo dado a esta clase de conjeturas; pero en la ocasión a que me refiero, tenÃa la evidencia de no equivocarme. En efecto, ningún otro sitio hay en Cádiar, que pudiera haber preferido para edificar su morada un prÃncipe tan poderoso, espléndido y sibarita como el Zaguer; ninguno más adecuado para asiento de un palacio al gusto de los moros; ninguno más apartado y más seguro a un tiempo mismo; ninguno más deleitable y solo, al par que más confundido en apariencia con el resto de la población… Y por lo demás, todos los árboles seculares de aquellos hermosos huertos que rodean la casa eran otros tantos mudos testigos, prontos a declarar en favor de mis sospechas…
Si pues aquella habÃa sido la mansión de DON FERNANDO el Zaguer, y a este lo heredó ABEN-HUMEYA, como aseguran las historias, estábamos en una de las casas del Rey alpujarreño…, y ¡quién sabe si en la que sirvió de escenario a la segunda de las tres lúgubres tragedias que forman la trilogÃa de su destino!
La primera de estas tragedias nos es ya conocida: fue aquella que tuvo por desenlace el bárbaro tormento de ABEN-ABOO.La tercera, en que ABEN-HUMEYA muere con la augusta tranquilidad de los personajes de Esquilo, nos aguarda más adelante. Ahora vamos a presenciar la segunda, cuyo lastimoso argumento es la desastrada muerte de MULEY CARIME o sea de MIGUEL DE ROJAS, padre de la primera —y única legÃtima— esposa del REYECILLO.