La Alpujarra
La Alpujarra No serán empero los historiadores quienes esta vez nos ayuden a rasgar los velos del tiempo y resucitar lo pasado… Los historiadores tratan aquel misterioso suceso a medida de su mayor o menor aversión a los moriscos: cuál lo recarga de negras tintas; cuál pasa sobre él rápidamente; cuál lo atenúa con generoso criterio; cuál llega casi hasta admirarlo… Según unos, el mismo ABEN-HUMEYA asestó el primer golpe contra su suegro; según otros, lo mandó matar; según otros, y según la tradición, lo indujo a que se matara con su propia mano…
¡Un poeta… va a ser hoy nuestro asesor y guÃa! Pero cuenta que ese poeta es el primer escritor granadino del siglo XIX; es nuestro venerable y llorado maestro; es D. Francisco MartÃnez de la Rosa; —el cual, después de haber leÃdo todas las crónicas de la Alpujarra y de estudiar maduramente las circunstancias del presente caso, lo expone y analiza con gran elevación de juicio en su ya citado drama ABEN-HUMEYA—. Cierto que, obligado por las exigencias del arte, altera el orden y sucesión de varios hechos, y además nos presenta al REYECILLO muy fiel a su primitiva esposa, cuando ya sabemos lo que pasaba en este punto, y le supone una hija adolescente, que mal podÃa tener a la edad de veintitrés años; —pero nada de esto impide que las causas del parricidio estén allà dilucidadas magistralmente y con severa imparcialidad histórica—.