La Alpujarra
La Alpujarra Hojeemos, pues, su admirable drama, sin perjuicio de oír luego a los principales cronistas, cuando se trate de la consumación material del crimen… sacrificio… o lo que fuere, llevado a cabo por ABEN-HUMEYA.
El teatro representa una caverna. (Esto es de rigor escénico para conspirar).
Es el día de la proclamación de D. FERNANDO DE VALOR como Rey de Granada y de Córdoba.
El ALFAQUÍ o sacerdote musulmán, ha arengado a los moriscos, y luego añade:
ALFAQUÍ.—No basta que rompáis vuestras cadenas: es preciso que levantéis otra vez el trono de Alhamar… Y no lo habréis olvidado sin duda: el que destina el cielo para cimentarlo de nuevo, es un caudillo de sangre real y de la misma estirpe del Profeta…
EL PARTAL.—¡No puede ser, otro sino Aben-Humeya!
MUCHOS MORISCOS.—¡Él es! ¡Él es!
ABEN-ABOO.—¡Aún no hemos desenvainado el acero, y ya buscamos a quien someternos!
ABEN-FARAG.—No faltarán valientes que nos guíen a la pelea. ¿Hemos menester más?