La Alpujarra
La Alpujarra Hagamos, pues, alto: volvamos la cabeza, y contemplemos el mundo de los hombres.
* * *
El Atlántico mar al Occidente…
el mar Mediterráneo al mediodía…
y en la morisca tierra que está enfrente
las crestas de la inculta Berbería…
Estos cuatro versos son el resumen de lo que llegó a ver Lirola.
Nosotros debemos confesar que no vemos tanto.
Verdad es que Lirola hablaba ya desde el Veleta, y nosotros estamos únicamente a media ladera del Mulhacén.
No vemos, pues, el océano Atlántico… Pero vemos una extensión inmensa del Mediterráneo; vemos la costa de África, desde el Estrecho de Gibraltar hasta los confines de Argel; vemos las nevadas cumbres del Atlas, del monte gemelo de esta Sierra; vemos bordado en el agua azul todo el litoral antártico de nuestra gran Península, como no es fácil verlo sino en un mapa; y vemos, en fin, toda la Alpujarra a nuestros pies, —más ampliamente que desde la cumbre de la Contraviesa, puesto que nos hallamos a mucha mayor altura—; pero mostrándose a nuestros ojos de la misma manera que entonces, es decir, como un mar cuyas olas son cadenas sucesivas de encrespados cerros; como un mar que se hubiese petrificado de pronto en medio de una furiosa tempestad…