La Alpujarra
La Alpujarra ¡Ah! Repitámoslo: el Sol puede más que la Sierra. La Sierra no tiene aquà su espada… la terrible espada de todas las Sierras, que es el aire del Norte. Por el contrario: la noble Orospeda sirve aquà de escudo a una primavera continua, impidiendo que la hiera el cierzo con su agudo puñal de dos filos.
Sin embargo… principia a refrescar: quiero decir, principiamos a helarnos. Estamos en las regiones del perpetuo invierno…
Ya no descubrimos más que nieve por todas partes…
La alta vegetación se ha despedido de nosotros… Ya no se ve un árbol por ningún lado…
Nadie puede pedirnos que subamos más… ¡Para estar en marzo y al dÃa siguiente de una nevada, ya hemos subido bastante… demasiado tal vez!
Nos encontramos indudablemente a la misma altura en que Lirola exclamó con acento medroso:
Mas ya se enrisca el áspero sendero…
y se corta tal vez… tal vez se pierde…
¡No obstante lo cual, el poeta de DalÃas siguió adelante!…
Pero él viajaba en julio, y se dirigÃa al Picacho de Veleta: mientras que nosotros no vamos por aquà a parte alguna, ni sabemos ya por dónde meter los caballos que no se los trague la nieve…