La Alpujarra
La Alpujarra Sí: ¡allí está África!… ¡Cuán cerca… pero cuán lejos de nosotros! ¡África, mirándonos siempre, siempre a nuestra vista, pero separada de España, no por ese lago azul del Mediterráneo, sino por la negra inmensidad de sus destinos! Es la vecindad inútil y acerba (perdonadme la comparación) de los que estuvieron un tiempo unidos y luego se divorciaron para in æternum: que se ven y no se hablan; se escuchan y no se comunican; tal vez se aman… y preferirían, sin embargo, mil muertes a reconciliarse. O más bien, es la vecindad de dos vástagos de familias tradicionalmente contrarias, cada uno de un sexo, ambos afables y garridos; que nacen en una misma calle, pasan su vida tropezándose a todas horas, y mueren sin haberse jamás saludado… Edgardos y Lucías, Romeos y Julietas, que nunca llegan a cantar un dúo.
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Con que acordémonos de nosotros mismos.
El Sol principia a caer al Occidente, y, si no nos damos prisa a bajar de estas espantosas soledades antes de que oscurezca, podremos vernos muy apurados.