La Alpujarra
La Alpujarra A los pies de todas aquellas cruces, y formando varios grupos en las agrias laderas de la Sierra, se ven millares de cadáveres; aquà de caballeros castellanos; allà de turcos y moros; ora de moriscas pasadas a cuchillo con sus pequeñuelos en los brazos; ora de cristianas asesinadas al pie de los altares… Arden más abajo iglesias y mezquitas. Vénse pueblos derruÃdos, despoblados, arrasados completamente. Luego se divisa el Mediterráneo, cubierto de bajeles atestados de moriscos y judÃos… Los barcos zozobran al peso de los desterrados, hasta que al fin se hunden… y el mar queda cubierto de náufragos que desaparecen poco a poco… ¡Ancianos, niños, mujeres… todos son pasto de las olas!
D. JUAN DE AUSTRIA, los MARQUESES DE MONDÉJAR Y DE LOS VÉLEZ y el DUQUE DE SESA, en devota actitud, están sobre una colina, vuelta la espalda a los expulsados hebreos y musulmanes, y adorando al CRUCIFICADO.
—«Padre mÃo, perdónalos, que no saben lo que se hacen», —exclama JESÚS luchando con la agonÃa.
—¡Nosotros no perdonamos! —responden a lo lejos FELIPE III y los inquisidores.
En otro lado, casi un siglo más atrás, ISABEL LA CATÓLICA, el arzobispo HERNANDO DE TALAVERA, el CONDE DE TENDILLA y otros capitanes de la Conquista de Granada intervienen también por los moriscos, aconsejan la tolerancia y la persuasión, esperan redimirlos por el amor…