La Alpujarra
La Alpujarra Pero allí acontece lo mismo: CISNEROS y los dos DEZAS les responden implacablemente:
—«¡Nulla est Redemptio!»
Y espira JESÚS, y queda despoblada la Alpujarra, y la soledad y la miseria tienen su guarida en el inmenso ámbito recortado a nuestro alrededor por la corva cuchilla del horizonte.
Y el Cuadro principia a desvanecerse, a disolverse, a transformarse…
Y son los días de este siglo… Penachos de humo flotan sobre los barcos que cruzan por delante de la Alpujarra. El ferrocarril silba a lo lejos. La raza vencedora puebla ya las Tahas morunas y reedifica los pueblos que habitaron los árabes… Lo único que no se reedifica son las antiguas iglesias cristianas. La exportación de frutos y la industria minera van enriqueciendo el país… Pero turbas más feroces, más impías, más antiespañolas, más anticristianas que los agarenos, pululan en los desiertos de la incredulidad, sedientas de pillaje y de exterminio, de oro y de sangre, de groseros goces y de salvaje independencia. La Internacional va apoderándose de España…