La Alpujarra
La Alpujarra Y he aquà que una voz exclama entonces: ¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos en que habÃa moros y Cristianos; en que cada cual luchaba y morÃa por su fe; en que el idealismo dirigÃa las acciones humanas; en que esta corta vida era como un torneo en que se disputaban los hombres el derecho a la inmortalidad; en que el alma era señora del cuerpo, y no su esclava y su cautiva; en que todos se consideraban iguales, no porque todos se creyesen dioses, sino porque todos sabÃan que no eran nada ni nadie ante Dios; y en que el error consistÃa, no en desconocer, como se desconoce ahora, que tenemos espÃritu, y que nos espera otra vida y que Dios nos aguarda en ella, sino en la elección de los medios para lograr tan altos fines!… ¡Dichosa edad, sÃ, y dichosos siglos aquellos en que habÃa mahometanos y judÃos en España, en lugar de ateos o de pirrónicos, y en que se sublevaban los pueblos por su fe propia, y no, como hoy, por la hacienda ajena!
Esto dice aquella voz… y, mientras sus ecos se pierden en el vacÃo, el cuadro se desvanece de nuevo…
Y ya no queda ante mis ojos, de tanto como vi y medité en la Alpujarra, sino las descoloridas páginas de un libro —que también se llevará el aire—…
Bajada a UgÃjar.—Pasamos por Picena y Cherin.—UgÃjar en Viernes Santo y en los demás dÃas del año. —El Cortijo de Unqueira.—Las Tres de la tarde. —Muere Jesús entre dos ladrones