La Alpujarra
La Alpujarra Desde las doce hasta las tres, de la hora de Sexta a la de Nona, durante las cuales JESUCRISTO luchó con la Muerte, reinaron las tinieblas sobre la Tierra: el Sol y la Luna aparecieron eclipsados, «no de un modo natural (que era imposible), sino como privados de vida por el horror y el duelo» (dice un Santo Padre). «Las estrellas brillaban como en medio de la noche. Un frío espantoso reinaba en la árida cima del Calvario»…, —añaden los Santos Libros—.
Y JESÚS pronunciaba de vez en cuando, desde el Árbol de la Redención, las últimas palabras de su Testamento.
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En la Alpujarra llovía…
Dijérase que el Cielo y la Tierra se habían reunido para llorar juntos.
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Por delante del Cortijo de Unqueira vimos cruzar varios curas, en distintas direcciones, todos ellos a caballo y muy de prisa…
Parecían los discípulos de JESÚS, corriendo atribulados por las cercanías de Jerusalén en aquel temeroso instante…
Eran sacerdotes que se trasladaban de un pueblo a otro, a leer la Pasión y a predicar, a fin de que no faltase en ninguno de ellos quien representase el luto de la Iglesia al espirar el Hijo del Eterno Padre.