La Alpujarra
La Alpujarra La Historia no se ha detenido a dilucidar este punto, y dice, muy superficialmente, que ABEN-ABOO, creyendo cierta la orden escrita y veraces las palabras de ALGUACIL, participó de la indignación de este contra ABEN-HUMEYA… Yo juraría, sin embargo, que ABEN-ABOO no fue engañado un solo instante por DIEGO ALGUACIL, aunque lo aparentara; y que, por el contrario, contribuiría con todas sus fuerzas a engañar y exasperar a los turcos. ABEN-ABOO era aquel demonio que, según dijimos más atrás, seguía a ABEN-HUMEYA como la sombra al cuerpo, desde la horrible escena en que, por su causa, dejó de ser hombre y se convirtió en monstruo.
Pero prosigamos. Hablando se hallaban todavía de aquel asunto los dos moriscos, «cuando acertó a pasar (dice Mármol) por delante de la puerta donde estaban, HUSCEYN, capitán turco, y llamándole a él y a CARACAS, su hermano, ABEN-ABOO les mostró la carta: los cuales avisaron a otros alcaides turcos: y, alborotándose todos entre temor y saña, comenzaron a bravear cargando las escopetas y diciendo: ¿qué, aquello merecían los que habían dejado sus casas, sus mujeres y sus hijos por venirlos a socorrer? Y apenas podía ABEN-ABOO apaciguarlos, diciéndoles estuviesen seguros, porque no se les haría el menor agravio del mundo…