La Alpujarra
La Alpujarra »Tratose allí luego que no convenía que reinase aquel hombre cruel… sino que le matasen a él y criasen otro Rey… Y sin perder tiempo nombraron a ABEN-ABOO, harto contra su voluntad, a lo que mostró al principio. Mas luego, aceptó el cargo y honra que le daban, con que le prometieron de matar luego a ABEN-HUMEYA».
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La anterior escena ocurrió en Cádiar, a prima noche.
De allí al Laujar de Andarax, donde residía el Rey, acostumbraban los moriscos a poner cuatro horas.
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Era aquella misma noche. «Antes del amanecer…» dice Pérez de Hita.
Ignórase el día fijo: solo se sabe que corría el mes de octubre de 1569.
El Laujar yacía en la quietud del descanso, ya que no en la del sueño…
«Los caudillos y capitanes más amigos de ABEN-HUMEYA, con dos mil moros, repartían la guardia cada noche… teniendo barreadas las calles del lugar, de manera que nadie pudiese entrar en él sin ser visto o sentido». Esto dice Mármol; a lo cual añade Hurtado de Mendoza que ABEN-HUMEYA, aquella noche, última de su vida, tenía «veinte y cuatro hombres dentro en casa, cuatrocientos de guardia, y mil y seiscientos alojados en el lugar».