La Alpujarra
La Alpujarra Dos mujeres (así lo aseguran todos los historiadores) acompañaban al desgraciado en el último sueño de que había de despertar…; y una de ellas era la viuda de VICENTE ROJAS, la prima y amada de DIEGO ALGUACIL, la mora ZAHARA…, la Helena de aquella Troya en miniatura.
Pero ZAHARA no dormía… ZAHARA estaba despierta, —como Judith la noche que mató a Holofernes—.
[…]
Entre tanto, los conjurados de Cádiar avanzaban en medio de las sombras nocturnas, seguidos de cuatrocientos hombres, por mitad turcos y moriscos.
«Con silencio caminaron hasta Andarax»… declara Hurtado de Mendoza.
Y, en efecto, ya hacía rato que la tierra de Andarax cruzaban; tierra «cuyo aire (al decir del poeta moro) inclinaba a la molicie: tierra (continúa diciendo) estrecha de términos y contornos, áspera de caminos, copiosa en sepulturas y cavernas, falta de alegría y lugares de recreo, y cargada de tributos[71]»…
Llegó, al fin, aquel ejército de blancos fantasmas a las puertas del Laujar.
«Aseguraron la centinela, como personas conocidas», —observa Hurtado de Mendoza—.