La Alpujarra
La Alpujarra Así las cosas, aconteció que los parientes de ABEN-HUMEYA[74] y las autoridades granadinas consiguieron atraerse también (asegurándole que sería perdonado) al único partidario importante que le quedaba a ABEN-ABOO; partidario que gozaba a la sazón de toda su confianza; pero que tenía con él antiguos resentimientos y estaba ya fatigado de vivir como una bestia feroz en aquellos inaccesibles parajes. Llamábase GONZALO EL XENIZ[75], y había capitaneado Monfíes al principio de la Guerra.
El XENIZ (a quien, con grandes precauciones, conseguía ver un platero de Granada, nombrado FRANCISCO BARREDO, —que era el que manejaba la intriga—), prometió que el mismo día que recibiera la Cédula Real con su indulto entregaría el cadáver de ABEN-ABOO al mismo que se la llevara. Fue, pues, a Granada BARREDO, y, recogido que hubo la orden, tornó a la Sierra y citó al XENIZ al sitio en que solían avistarse…
Pero cedamos aquí la palabra a nuestro inimitable Hurtado de Mendoza:
«Llegado el XENIZ, y vista la Cédula, la besó, y puso sobre su cabeza: lo mismo hicieron los que con él venían y despidiéronse dél (de BARREDO), fueron a poner en ejecución lo concertado. FRANCISCO BARREDO se volvió al castillo de Vérchul, porque allí le dijo el XENIZ que le aguardase.