La Alpujarra
La Alpujarra »Y pusieron (concluye Hurtado de Mendoza) un título en ella, que decía:
«ESTA ES LA CABEZA
DEL TRAIDOR DE ABÉNABO.
NADIE LA QUITE, SO PENA
DE MUERTE»».
* * *
La Guerra de los moriscos estaba terminada.
Solo nos faltaba enterarnos de su total expulsión, y de cómo se despobló y repobló la Alpujarra…
Pero ya eran las cuatro y media de la tarde; había cesado de llover, y teníamos que marcharnos a Murtas.
Dejamos, pues, para el día siguiente, último de nuestro viaje, aquel funesto epílogo de tan lamentables historias, y nos pusimos en camino.
Volvimos a pasar por Cojáyar y por Mecina-Tedel, que respiraban la profunda tristeza propia de aquella tarde (tristeza en que no entraba por nada la muerte de ABEN-HUMEYA y de ABEN-ABOO); y, ya oscurecido, llegamos a Murtas, cuya plaza éranos forzoso atravesar para dirigirnos a nuestro alojamiento…
Hallábase esta llena de gente, y todas las casas tenían iluminación. Las puertas de la iglesia estaban abiertas de par en par…, pero no se veía nadie dentro de su espaciosa nave… Dijérase que era la vacía estancia de donde acababan de sacar un muerto…