La Alpujarra
La Alpujarra Una de ellas fue que, con motivo de estar situado el pueblo en terreno mucho más bajo que el Padul, no solo era alegre como aquella villa, sino risueño, animado, bullicioso. El Padul nos había ofrecido la serena placidez de la montaña: Dúrcal nos ofrecía el gracioso júbilo del llano.
Quizás consistiría también aquel aumento de regocijo en que era un poco más tarde; en que hacía menos frío que allá arriba; en que todo el mundo habría ya almorzado en Dúrcal, antes o después de Misa Mayor, y en que esta Misa habría sido de primera clase. Recuérdese que era día de San José. Los Pepes y Pepas del lugar (que de seguro serán innumerables), y sus parientes, compadres y otras cosas, no tenían, pues, ya que pensar más que en pasearse o en jugar a las cartas hasta la hora de comer, y en preparar los bailes para aquella tarde y aquella noche…