La Alpujarra
La Alpujarra Y no porque hubiésemos de acercarnos aún más a la costa en el resto del dÃa… (no: ya caminarÃamos siempre a Levante hasta llegar a Órgiva); sino porque, mientras la Diligencia bajara luego sin nosotros a la orilla del mar, nosotros subirÃamos las primeras cuestas de la Alpujarra.
Pero volvamos a las filas.
Ya habÃamos dejado a nuestra izquierda (sin verlo, aunque cruzamos a dos kilómetros de él) el lugar de Mondújar, todo escondido en un pliegue de la Sierra…
Allà fue donde pasó sus últimos años y espiró, tan amargado como referimos, el viejo Rey MULEY HACEM, el misántropo después de muerto[21].
Finalmente, delante de nosotros habÃa aparecido un pueblo de pintoresca perspectiva, situado en una posición deliciosa, defendido de los vientos de Norte por un disforme cerro llamado Mataute, y rodeado también de todo género de árboles floridos…
¡Era Béznar!
Tres leguas en tres minutos. —Una mañana de nieve. —Una espada y una daga. —Quién era D. Fernando de Valor
¡Béznar!… Para explicar estas admiraciones ortográficas, tengo que recordaros algunas escenas históricas, tan interesantes y tan nimiamente conservadas por los cronistas, que, más que Historia, parecen capÃtulos de una novela de Walter Scott.
