Bajo las lilas
Bajo las lilas —Bueno. Entretanto, veremos cómo nos llevamos y quizá consigamos que tu padre te deje con nosotros durante el verano mientras él viaja. Ahora, guíame hasta la panadería, la confitería y el correo —concluyó la señorita Celia cuando llegaron a la calle principal de la población.
Ben se mostró muy eficiente, y una vez realizadas todas las diligencias recibió, como recompensa, un paz de zapatos y un sombrero de paja adornado con una cinta azul, en cuyos extremos brillaban dos anclas plateadas. Y de regreso, mientras su nueva ama leía la correspondencia, le fue permitido conducir el coche. Una de las cartas, particularmente larga, con una extraña estampilla en el sobre, fue leída dos veces por la joven, quien no volvió a pronunciar una palabra durante el resto del viaje. Luego, Ben tuvo que llevar a Lita y entregar las cartas al alcalde, no sin prometer realizar con premura estas diligencias para estar de regreso a la hora del té.