Bajo las lilas
Bajo las lilas De pronto, un rumor que llegaba desde el fondo del jardÃn, hizo que los invitados miraran hacia allÃ. Entonces vieron aparecer a la señorita Celia empujando una silla de ruedas y, sentado en ella, a su hermano. Una manta liviana cubrÃa sus largas piernas, un sombrero de alas anchas escondÃa casi por completo sus grandes ojos y la expresión de descontento de su rostro delgado era tan desagradable como el tono irritado y áspero de su voz que se quejaba:
—Me iré en cuanto comiencen a hacer ruido. No comprendo para qué los invitaste.
—Para entretenerte, querido. Ellos lo harán si tú procuras serles grato —susurró su hermana al mismo tiempo que sonreÃa y saludaba con la cabeza por sobre el respaldo de la silla para agregar luego en alta voz—: ¡Qué invitados puntuales!… En seguida nos sentaremos a tomar el té. Éste es mi hermano Thorton, del que espero se harán buenos amigos. Y éste es el perro del cual te hablé, Thorny. ¿No te parece gracioso y simpático?