Bajo las lilas
Bajo las lilas —Un dÃa de estos puedes montar a Lita a ir a dar una vuelta por el campo. A ella le gustará el paseo. Podrás ensillarla con la montura de Thorny que estará aquà la semana próxima —dijo la señorita Celia contenta de que al niño le hubiese agradado el libro y de que demostrara simpatÃa por esos animales que ella tanto querÃa.
—No necesito esperar la montura. Me gusta montar en pelo. ¡Ah!… dÃgame, señorita: ¿era en este libro donde dijo usted que los caballos hablaban? —preguntó Ben recordando de pronto algo que la señorita Celia dijera y que lo dejara muy sorprendido.
—No. Atareada con los preparativos para el té olvidé buscarlo. Lo haré esta noche. Recuérdamelo en su oportunidad, Ben.
—¡Oh!… También yo olvidé algo. El señor alcalde me dio esta carta para usted. Me distraje tanto, que no me acordé de dársela.
Confundido y avergonzado Ben extrajo la carta de un bolsillo al mismo tiempo que aseguraba que él no tenÃa ningún apuro por el libro y qué lo mismo se alegrarÃa si se lo daba cualquier otro dÃa.