Bajo las lilas

Bajo las lilas

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—¡Cuánto sabe!… Mucho más que la maestra… Nunca se impacienta, aunque la abrumemos a preguntas. Me gustan las personas que conocen tantas historias —agregó Bab cuya imaginación y sus ansias de saber jamás se saciaban.

—A mí me gusta mucho el niño y creo que él también me quiere, aunque al principio hayamos tenido dificultades para entendernos, Me ha pedido que, cuando pueda volver a sostenerse sobre las piernas, —le enseñé a montar y la señorita Celia me ha autorizado a hacerlo. Ella sabe qué es lo que hace feliz a su hermano—. Y Ben, agradecido, miraba al jefe árabe que le habían regalado y que era, sin duda, el mejor objeto de la colección.

—¿No les parece que llegaremos a divertirnos mucho aquí? La señorita dice que podemos venir todas las tardes a jugar con ella y Thorny.

—Y dejaremos nuestras cosas por acá para tenerlas siempre a mano.

—Yo seré su ayudante y estaré aquí todo el día. Creo que una de las cartas que traje era una recomendación del alcalde.

—Eso es, Ben —afirmó la señorita Celia, reapareciendo en ese momento—. Te aseguro que si no me hubiese decidido antes a tomarte a mi servicio lo habría hecho ahora.


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