Bajo las lilas
Bajo las lilas Y salieron corriendo: Bab hacia adelante y la asombrada Betty dobló obedientemente en dirección opuesta y se alejó tan ligero como se lo permitieron sus piernas, mojándose con el agua del jarro que aún conservaba en la mano. Dieron vuelta alrededor de la casa y se encontraron en la puerta del fondo, sin haber dado con los rastros del ladrón.
—¡En la calle! —gritó Bab.
—¡Bajo la fuente! —jadeó Betty, y corrieron ambas, una para trepar sobre unas piedras y mirar por encima del muro hacia la calle, en tanto que la otra se precipitaba hacia el sitio que acababan de abandonar. Pero Bab no descubrió nada más que las cari— tas inocentes de las caléndulas y Betty sólo logró asustar con su brusca aparición a un pajarillo que tomaba su baño en la fuente.
Regresaron ambas adonde las aguardaba un nueva sorpresa que las hizo sobresaltar y proferir un gritó de temor mientras escapaban a refugiarse en el «porch».
Un extraño perro estaba tranquilamente sentado entre los despojos del festín saboreando los últimos bollos que quedaban.
—¡Qué animal malvado!… —chilló Bab con deseos de pelear, pero atemorizada por el aspecto del animal.