Bajo las lilas

Bajo las lilas

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Cinco elefantes comían su heno dentro de las jaulas y Billy sintió que se le aflojaban las piernas cuando vio esas enormes bestias de largas trompas y ojos pequeños pero muy vivos. A Sam lo divertía tanto el ruido que hacían los monos, que sus compañeros lo dejaron frente a la jaula de esos animales y ellos, se fueron a ver la cebra.

—… rayada como el vestido de gasa de mamá —observó Bab.

Pero en cuanto descubrió a los «ponnies» con sus crías se olvido por completo de aquélla. Sobre todo le llamo la atención un caballito muy pequeño que dormía sobre un colchón de heno, tan igualito a su madre, tan pequeñito que parecía mentira que fuera un animal de verdad.

—¡Oh, Ben!… ¡Yo quiero acariciar a ese caballito!… —dijo Bab. Y pasó las sogas para tocar suavemente con la mano al hermoso caballito mientras la madre la vigilaba con ojo atento, husmeaba el sombrero marrón de la niña y el caballito entreabría perezosamente los ojos para ver qué sucedía.

—¡Sal de allí!… ¡Eso no se debe hacer!… —ordenó Ben que aunque deseaba hacer lo mismo sabía respetar la propiedad y su propia dignidad.

De mala gana Bah se dejo arrastrar adonde estaban los cachorros de leones parecidos a grandes perros y los tigres que se lavaban la cara igual que los gatos.


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