Bajo las lilas
Bajo las lilas —Voy a llevar este maldito trasto a casa.
—¿Hacia allá?… —y el muchacho señaló la granja que se veÃa al pie de la colina.
—Varios para allá. Yo llevaré la carretilla.
—¿Por qué? —preguntó el prudente muchacho desconfiando de tan espontáneo ofrecimiento.
—Bab está cansada y quiere que la lleve. Te dejaré la carretilla en perfecto estado, te lo prometo… —aseguró Ben medio avergonzado pero ansioso de terminar pronto aquel viaje, ya que los contratiempos comenzaban a multiplicarse.
—No podrás llevarla por ese camino. Debe pesar tanto como un saco de arena —se burló el muchacho divertido con esa proposición.
—Soy más fuerte que la mayorÃa de los muchachos de mi edad. Ya lo verás —y Ben se cuadró e hizo un saludo al que el otro contestó muy amablemente.
—Está bien: veremos si eres capaz de hacerlo.
Bah se dejó caer dentro del nuevo carruaje sin temor alguno, y Ben la condujo a buen paso mientras el muchacho se refugiaba debajo de un granero para observar la marcha de su amigo, muy contento de haberse librado de aquella carga.