Bajo las lilas

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Thorny recuperó muy pronto su antigua destreza, más la fuerza no era la de antes, por lo cual en seguida se sentía fatigado. Bab, por el contrario, se entregó con cuerpo y alma al nuevo deporte y tiraba con el nuevo arco que la señorita Celia le había regalado, pues el de Ben resultaba muy pesado para su brazo. Ninguna otra niña fue admitida en aquel club, de modo que las mujercitas tuvieron que fundar el suyo propio que llamaron «Victoria», nombre que les fue sugerido por el artículo de la revista, que comenzó a circular como guía general y manual de consulta.

Bab y Betty pertenecían también a ese club y con toda puntualidad informaban lo que se hacía en el de los varones. Allí tenían ellos derecho a tirar con sus arcos, pero pronto comprobaron que los muchachos se alegraban cuando ellas se alejaban.

La fiebre del tiro al blanco se hizo tan intensa como lo fuera antes la del baseball. Y no solamente circuló la revista sino también el cuento «Dos cuerdas para tu arco». Lo leyeron con avidez y niñas y varones imitaron a sus personajes.

Todos gozaban con el nuevo entretenimiento, que trajo aparejado un placer mayor y mar duradero, pues persistió hasta mucho después que los arcos y flechas fuesen olvidados.


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