Bajo las lilas
Bajo las lilas —PermÃtame, entonces, señorita. Me gustarÃa dirigirles unas palabras a los niños —manifestó la señorita Celia obedeciendo a un repentino impulso; y adelantándose con el sombrero en la mano hizo un gracioso saludo antes de recitar la hermosa balada de Mary Howitt, «Mabel en un dÃa de verano». Se la veÃa tan joven y alegre y sus ademanes eran tan sencillos y expresivos, hablaba con voz tan dulce y clara que los niños quedaron encantados como si hubiesen sido hechizados. Aprendieron la lección que querÃa darles esta nueva profesora y entendieron el consejo que ratificaba la última estrofa:
"Es bueno hacer todas las tareas gratas,
estar alerta y ser bondadoso.
Y es bueno tener como la pequeña Mabel
un espÃritu ansioso de aprender".
Por supuesto, mientras la señorita Celia regresaba a su asiento la acompañó un caluroso aplauso, y en tanto las manos golpeaban con entusiasmo las conciencias se despertaban y más de uno lamentó sus gestos hoscos y los errores cometidos.
—Ahora cantemos —propuso la maestra. Y mientras todos se apuran a componer sus gargantas la puerta se abrió y apareció Sancho con el sombrero de Ben en la cabeza, caminando sobre las patas traseras, las delanteras cruzadas humildemente, acompañada su marcha por una voz que, desde afuera, cantaba: