Bajo las lilas
Bajo las lilas De modo que se ocupó de adiestrar a Bab mañana y tarde, guiándola con la mano que tenía sana. Bab estaba encantada pensando que podía llegar a competir por su club en el concurso.
Le dolían los brazos y se le endurecían los dedos cuando ponía el arco tenso, pero era infatigable y como, además, era más fuerte y alta de lo que correspondía a su edad y tenía una gran disposición para los deportes, progresó mucho y rápidamente. Aprendió a tirar flecha tras flecha y cada vez con mayor seguridad y más cerca del blanco.