Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!… —porque eso era lo que clamaba su corazón. Echó a correr adonde se hallaba el majestuoso animal. «Duke» paró las orejas y movió la cola con enojo, pero Ben lo miró a los ojos, le dio un amistoso golpecito en la nariz e hizo un particular sonido con la boca que tranquilizó al animal.
—Te pateará si lo sigues molestando. Déjalo y ocúpate de las vacas como lo ordenó su señorÃa —ordenó Pat quien respetaba en público a «Duke», pero lo castigaba brutalmente en privado.
—¡Yo no le tengo miedo! Tú no me harás daño, ¿no es asà viejo amigo? Mira, sabe que soy su amigo y como a tal me recibe —dijo Ben pasando su brazo alrededor del cuello del animal y pegando su mejilla al hocico del caballo.
Porque él entendÃa la mirada de la inteligente bestia y comprendÃa que sus relinchos eran un amistoso saludo.
El alcalde presenció la escena detrás de la ventana y sospechando por la cara de Pat que algo desagradable se preparaba, ordenó:
—Deja que el niño ate el caballo al coche, si puede… Probaremos si sirve para eso. Debo salir en seguida.