Bajo las lilas

Bajo las lilas

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—¡Por favor, señores, ocupen sus localidades!… ¡Por favor, sus localidades!… La función va a comenzar con el número del Cupido Volador, el número con el cual el señor Bloomshury se ha presentado ante las principales coronas de Europa. ¡Reconocido por todos los críticos como el niño prodigio y la maravilla del siglo!… ¡Atención, aquí está!

Después de repetir el elegante y conocido discurso del señor Smither, Ben comenzó a dar tales volteretas en el aire que hasta un grupo de serias gallinas que descendían por la calle e iban a dormir, se detuvieron admiradas e imaginaron sin duda que alguien habría echado sal sobre aquel muchacho para que se sacudiese de esa manera. Aunque en su tiempo fue testigo de cosas muy divertidas, el viejo portón no había visto nunca semejantes acrobacias. Porque de todos los muchachos que se treparon a él ninguno se mantuvo como ése cabeza abajo sobre los capiteles de las columnas o quedó colgado del arco por los pies, o comenzó a dar vueltas, sin parar, como una rueda, con la barra por eje, sacudiendo los pies y sosteniéndose por el mentón, o camino apoyado sobre las manos a lo largo del muro para concluir la exhibición con una pose casi aérea suspendido del gancho del farol besándose la mano y saludando al público como debía hacerlo Cupido al despedirse.


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