Bajo las lilas
Bajo las lilas Las pequeñas aplaudieron y golpearon con los pies entusiasmadas, mientras Sancho que con toda calma habÃa seguido el espectáculo lanzó unos ladridos de aprobación y corrió a mordisquear los pies de su amo.
—Baja y cuéntanos lo que hiciste en casa del alcalde. ¿Es muy severo? ¿Trabajaste mucho? ¿Te gusta el trabajo? —preguntó Bab cuando se hizo un poco de silencio.
—Aquà arriba está más fresco —respondió Ben acomodándose mejor y abanicando su cara enrojecida con la rama que habÃa arrancado a uno de los árboles que cerca de él perfumaban el aire.
—Hice de todo un poco. El anciano caballero no es malo: por el contrario, simpaticé con él en seguida. Me dio una moneda. Odio en cambio a «Pelo de Zanahoria». Jura como un carrero. Me tiró con un leño… ¡Ya me las pagará!
Metió la mano en el bolsillo para sacar la reluciente moneda y al encontrar también la página rota recordó la ansiedad de saber que le asaltara esa mañana.
—¡Eh! ¡Miren ustedes! ¿Qué están por hacer estos hombres? La tinta ha estropeado la lámina y es imposible leer lo que dice aquà abajo. ¿Quieren explicarme lo que significa? Llévasela, Sancho.