Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Mi Dios!… ¡Doce años y no sabes eso! —rió Bab muy divertida y contenta de poder enseñarle algo a aquel muchacho acróbata a quien consideraba un ser excepcional.
—¡Al diablo con mis doce años!… Háblame de ese muchacho que desciende del barco; me gusta —insistió Ben.
Asà fue cómo Bab, interrumpida frecuentemente por Betty quien agregaba algo al relato, le refirió la maravillosa historia con sencillez y en forma comprensible, pues a ella le gustaba esa materia y tenÃa una gran facilidad de palabra.
—Me gustarÃa leer algo más. ¿PodrÃa comprar un libro con mis diez centavos? —preguntó Ben, ansioso de aprender picado por las risas de Bab.
—No, por cierto. Yo te prestaré el mÃo cuando no lo necesite y te explicaré todo —prometió Bab olvidando que ella misma no sabÃa «todo» aún.
—Pero yo no dispondré de mucho tiempo. Sólo estaré libre al atardecer y entonces tú podrás necesitar él libro… —se lamentó Ben, quien no podÃa dominar la curiosidad que despertara en él la hoja de papel.
—Yo tengo historia por la tarde, pero tú podrás leer el libro por las mañanas antes de la hora de ir al colegio.