Bajo las lilas
Bajo las lilas —Debo salir muy temprano, de modo que tampoco entonces tendré tiempo para leer. Pero sÃ, ¡lo tendré!… Te diré en que momento: leeré cuando lleve las vacas al campo. Al alcalde le gusta que las vacas coman lentamente mientras van por el camino. Asà dijo Pat, y entretanto yo podrÃa estudiar historia en lugar de vagar de aquà para allá —gritó Ben satisfecho de su brillante idea.
—¿Y cuándo me devolverás el libro para que yo estudie? —interrogó prudentemente Bab.
—A mi regreso lo dejaré sobre el alféizar de la ventana o junto a la puerta. Lo leeré con todo cuidado y tan pronto como haya ganado lo suficiente te compraré uno nuevo y yo me quedare con el viejo, ¿quieres?
—Bueno, pero yo tengo una idea mejor. No conviene dejarlo sobre la ventana porque la maestra lo puede ver, ni en la puerta porque alguien lo puede robar. Déjalo en mi escondrijo. En el rincón de la pared, junto al gran arce encontrarás un hueco disimulado entre las raÃces y bajo una piedra chata.
Es mi caja de caudales, allà guardo mis cosas. No hay escondite mejor y nos turnamos para usarlo.
—Me parece un buen lugar; ya lo encontraré —dijo Ben agradecido.