Bajo las lilas
Bajo las lilas —Si quieres algunas veces podré dejar mi libro de lectura. Tiene muchos cuentos y láminas preciosas —ofreció tÃmidamente Betty, pues ella querÃa colaborar en el generoso proyecto de su hermana aunque no era mucho lo que podÃa dar, ya que no era una estudiante tan brillante como aquélla.
—PreferirÃa uno de aritmética. Si puedes préstame el tuyo para que yo lo lea de vez en cuando. Ahora que voy a ganar un jornal debo aprender a sacar cuentas —dijo con aire de un Vanderbilt preocupado por el cuidado de sus millones.
—Yo te enseñare. Betty no entiende mucho de sumas. Pero ella lee maravillosamente y en eso es la mejor de la clase. La maestra está orgullosa de ella porque nunca se equivoca cuando deletrea palabras tan difÃciles como ex-cep-ción, ex-ha-lar, o ex-pli-ca-ción.
Bah rebosaba de fraternal orgullo y Betty alisaba su delantal con un gesto de modesta satisfacción, pues aquélla pocas veces la elogiaba y a ella eso le gustaba mucho.
—Yo nunca fui al colegio; por esa razón soy tan ignorante. Sin embargo, se escribir mejor que algunos muchachos que van a la escuela. Vi escritos muchos nombres en el soportal. Observen ahora ustedes —y descendiendo de un salto Ben extrajo un trozo de tiza y dibujó con hermosos rasgos sobre las lajas oscuras que cubrÃan el camino diez letras del alfabeto.