Bajo las lilas
Bajo las lilas El rápido trote se detuvo en la curva del camino y en seguida vio acercarse lentamente a una dama que montaba una yegua baya; una dama joven y bonita, vestida con un traje azul oscuro, luciendo en la solapa un ramillete de dientes de león que parecÃan estrellas amarillas; de la montura de su cabalgadura pendÃa un rebenque plateado el cual, sin duda, sólo servÃa de adorno. La hermosa yegua cojeaba un poco y sacudÃa la cabeza como si algo la molestara, mientras su dueña, inclinándose para saber qué le ocurrÃa, exclamaba con un tono que parecÃa exigir contestación:
—Vamos, Chevalita, si te has clavado una piedra en una pata, yo la encontraré y la sacaré. ¿Por qué no miras dónde caminas y me evitas asà estas molestias?
—No se preocupe, señorita; yo me ocuparé de eso. ¡PermÃtamelo usted! —exclamó una voz anhelante, que, por lo inesperada, sobresaltó a la amazona y a su cabalgadura, que vieron en ese momento a un muchacho que descendÃa del muro de un salto.
—Me harÃas un favor. No tengas miedo, Lita es mansa como una oveja —replicó la dama, quien sonrió divertida por la solicitud del muchacho.
—Es un animal muy hermoso —murmuro Ben al mismo tiempo que levantaba una después de otra las patas del animal hasta encontrar la piedra que extrajo con alguna dificultad.