Bajo las lilas
Bajo las lilas —Por allí se va a «Las lilas», y por este camino a la casa del alcalde.
—Ahora estoy muy apurada para visitar la vieja casa. Iré primero por aquí si tú tienes la amabilidad de llevarle mis saludos a la señora Moss y de comunicarle al alcalde que la señorita Celia almorzará con él. No me despido de ti porque volveremos a vernos luego.
Con un movimiento de cabeza y una sonrisa la joven se alejó al galope y Ben ascendió la colina para llevar los mensajes, experimentando la sensación de que iba a suceder algo agradable, de modo que decidió postergar la fuga un tiempo, por lo menos.
La señorita Celia llego a la una en punto y Ben tuvo el placer de ayudar a Pat a llevar a Chevalita al establo. Luego de comer ligero su almuerzo se dedico a la ingrata tarea de apilar los leños con desusada energía; es que mientras lo hacía podía echar una mirada en dirección al comedor, donde, entre dos cabezas canas, pues eran tres los comensales, se veía una castaña y ensortijada. Como las ventanas se hallaban abiertas no pudo de dejar de oír una que otra palabra y esa conversación escuchada a medias despertó su curiosidad. Los nombres de «Thorny», «Celia» y «George» eran repetidos con frecuencia y de vez en cuando se oía una alegre carcajada de la joven señora que sonaba a música en aquel sitio habitualmente tan silencioso.