Bajo las lilas
Bajo las lilas —No es allà donde se enseña. Cuando regrese por aquà te traeré un libro para que lo aprendas. Gulliver fue al paÃs de los caballos y allà los oyó hablar en su propia lengua.
—Mi padre ha estado en las praderas donde hay cientos de potros salvajes, pero nunca los oyó hablar. Sin embargo, aunque no hablen, yo sé lo que quieren —contestó Ben sospechando que era objeto de una broma más sin llegar a descubrirla.
—No lo dudo. No obstante, no olvidaré el libro. Adiós, amigo, pronto volveremos a yernos —y la señorita Celia se alejo velozmente como si le corriera mucha prisa.
—Si tuviera un vestido rojo y una pluma blanca serÃa tan bonita como Melia. Es tan buena y monta tan bien como ella. ¿Adónde irá? ¡Ojalá vuelva pronto!… —pensó Ben que no aparto la mirada hasta que la última onda del vestido azul se perdió en un recodo del camino. Entonces regreso a sus quehaceres sin apartar la cabeza del libro prometido, deteniéndose de tanto en tanto para hacer sonar las dos monedas de plata que ya tenÃa junto con la nueva y pensando qué podrÃa comprar con una suma tan enorme.