Bajo las lilas
Bajo las lilas Entretanto, Bab y Betty habían tenido un día muy agitado: cuando al mediodía regresaron a su casa, encontraron allí a la hermosa dama, quien les hablo como si fuese una vieja amiga. Les hizo dar una vuelta a caballo, y cuando las niñas regresaron al colegio les dio un beso a cada una. Por la tarde la dama había partido, mas hallaron, en cambio, la vieja casona abierta y a la madre barriendo, limpiando y ventilando las habitaciones con gran animación. Ellas se divirtieron mucho saltando sobre las camas de pluma, sacudiendo alfombras, abriendo cajones y corriendo desde la bohardilla a la despensa como un par de gatitos traviesos.
Así las encontró Ben, a quien abrumaron con las novedades, las cuales excitaron al muchacho tanto como a ellas: la señorita Celia era la dueña de la casa, vendría a vivir allí y había que poner todo en orden lo antes posible. Cada uno entreveía una hermosa perspectiva: la señora Moss, para quien la vida había sido muy triste durante ese año en que tuvo a su cargo la vieja casa; las pequeñas, quienes habían oído rumores de que enviarían muchos animales, y Ben, que al saber que vendrían un niño y un burro, resolvió que sólo la presencia de su padre lo arrancaría de aquel lugar que comenzaba a tornarse realmente interesante.