Bajo las lilas

Bajo las lilas

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—La necesitaré a las cuatro de la tarde. Thorny no podrá viajar, pues está muy cansado, pero yo necesito ir al correo caigan rayos o centellas. —Y mientras así hablaba, las mejillas de la señorita Celia se colorearon de rubor provocado, tal vez, por un pensamiento feliz, tal vez, por la turbación que le produjera la mirada de aquellos sinceros ojos juveniles que sin reparo mostraban su admiración por la dama vestida de blanco que se hallaba de pie bajo las madreselvas.

La aparición de Miranda, la criada, les recordó el motivo de su visita, y después de ofrecer sus presentes con gran confusión se disponían a partir cuando los detuvo la amable voz de la señorita Celia.

—Quiero agradecerles la ayuda que han prestado poniendo todo en orden. He visto rastros de manos hacendosas y de pies ligeros por la casa y el jardín.

—Yo pasé el rastrillo a los canteros —dijo Ben mirando con orgullo los perfectos óvalos y círculos de tierra.

—Yo barrí todos los senderos —agregó Bab al mismo tiempo que observaba con disgusto algunas hojas de trébol que del manojo de alfalfa habían caído sobre el sendero.


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