Detras de la mascara
Detras de la mascara —No. Me gusta —contestó ella suavemente. Y de pronto, añadió—: Pero ¿por qué nos escondemos? No hay nada que temer. Se hace tarde, y debo marcharme. Te estás apoyando sobre mi pierna. Por favor, levántate.
—¿A qué vienen tantas prisas? Esta huida y persecución añade encanto a la velada. No quiero levantarme. ¿Quieres una rosa, Jean?
—No, no quiero. Déjeme marchar, señor Coventry. Insisto. Esta locura ya ha ido demasiado lejos. Váyase.
Jean habló con autoridad mientras retiraba la capa. Él se levantó de inmediato, como si acabara de despertarse de una pesadilla, y dijo:
—Es lo que intento hacer: irme.
En ese momento, volvieron a escuchar el murmullo de las voces que se aproximaban. Mientras señalaba hacia un camino cubierto que conducÃa a la casa, Coventry indicó con su habitual tono de voz frÃo e impasible:
—Corre en esa dirección, yo cubriré tu retirada.
Gerald se dio media vuelta y salió al encuentro de sus perseguidores.