Detras de la mascara
Detras de la mascara La última oportunidad
¿Se lo contará a sir John, verdad? Porque si es así, debo adelantarme a ella y acelerar los acontecimientos. Será mejor asegurarse de todo antes de que ocurra algún incidente. Mi pobre Dean, no estás a mi altura, pero eres un incordio de todos modos.
Estos pensamientos cruzaron la mente de la señorita Muir mientras atravesaba el vestíbulo y se detenía unos instantes junto a la puerta de la biblioteca a escuchar el murmullo de voces. No pudo discernir ninguna palabra, y sólo dispuso de unos breves momentos, porque Dean la estaba siguiendo de cerca. Jean se dio media vuelta y acercó una silla. Luego llamó con señas a la mujer y dijo sin dejar de sonreír:
—Siéntese aquí a jugar al perro faldero. Me voy al cuarto de Bella y, si así lo desea, puede dar una cabezada.
—Gracias, pero esperaré a mi señorita. Es posible que me necesite después de este duro trance —respondió Dean mientras se sentaba con el rostro enjuto.
Jean se echó a reír y prosiguió su marcha, aunque sus ojos brillaban con una repentina malicia. Miró sobre su hombro con una expresión que no resultaba nada halagüeña para la fiel y veterana criada.
