Detras de la mascara
Detras de la mascara —¡Tan pronto! —exclamó la voz del caballero, revelando asà lo que él trataba de ocultar. Jean habÃa adoptado una actitud muy serena, pero era el tipo de serenidad que precede a la desesperación. Jean esperaba que las primeras lágrimas desencadenaran la confesión que ella estaba esperando. No fue asÃ, y empezó a temer que su última oportunidad se le escapara de las manos. ¿Ese hombre la amaba? Si era asÃ, ¿por qué no declaraba sus intenciones? Deseosa de aprovechar cada instante, se mantuvo alerta ante cualquier reacción de su interlocutor, cualquier pista, cualquier palabra, mirada o acción imprudentes. Se estaba poniendo nerviosa.
—Jean, ¿puedo hacerte una pregunta? —dijo sir John.
—Por supuesto que sÃ, señor.
—¿Y no puede ayudarte el hombre al que amas?
—PodrÃa hacerlo, si él lo supiera, pero no debe saberlo.
—¿Saber el qué? ¿Tus problemas actuales?
—No. Mi amor.
—En ese caso, ¿conoce tus intenciones?
—¡Por supuesto que no! Y nunca las sabrá.
—¿Y él te ama, querida?
—No lo sé. Espero que no —murmuró Jean.
—¿Y no puedo ayudarte en este terreno? Créeme, deseo verte feliz y a salvo. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?