Detras de la mascara
Detras de la mascara —Me olvidé de dar el aviso. Pero la estación no queda muy lejos de aquÃ, no le irá mal caminar un rato —respondió el joven lánguido.
—Fue indolencia por tu parte, no descuido, de eso estoy segura. Qué desastre; creerá que somos unos desconsiderados por dejarla abandonada a estas horas, sin saber el camino a casa. Ned, ve a la estación a buscarla.
—Es demasiado tarde, Bella, el tren ha llegado hace un rato. La próxima vez que me des órdenes procuraré que se cumplan, mamá —contestó Edward.
—Ned está en esa edad en la que no le importa hacer el ridÃculo por cualquier jovencita que se cruce en su camino. Vigila a la institutriz, LucÃa, o acabará seduciéndole.
Gerald hablaba con una especie de susurro satÃrico, pero su hermano le oyó y contestó con una sonrisa muy animada.
—DesearÃa que hubiera alguna esperanza de que tú hicieras el ridÃculo de esa manera, amigo mÃo. Sé un buen ejemplo para mÃ, y te prometo que lo seguiré. En cuanto a la institutriz, debemos tratarla con nuestra acostumbrada cortesÃa, puesto que es una dama. Yo dirÃa que tampoco estará mal mostrarnos especialmente amables, porque la mujer es pobre y una auténtica desconocida.