Hombrecitos
Hombrecitos La «Suiza» andaba tristona porque le habían quitado su ternero, y odiaba a todo el género humano; cuando el peón de lidia se acercó a tirarle un capote, la vieja vaca se limitó a lanzar un estruendoso mugido; después, Tommy, cabalgando en el pollino, se aproximó para consumar la suerte de varas; el borriquito, reconociendo en la «Suiza» a una antigua amiga, avanzó satisfecho; mas cuando Tommy aguijoneó con la caña al astado animal, la vaca y el asno se miraron disgustados y sorprendidos; el asno rebuznó y retrocedió en son de protesta; la vaca bajó la testuz como disponiéndose a embestir.
—¡Anda con ella! ¡Vamos a ver ese picador! ¡Ponle otra vara! —exclamó Dan, preparándose también a picar sin cabalgadura; Jack y Ned, armados de cañas, los imitaron.
La «Suiza», al verse acosada, arrancó a correr a campo traviesa, perseguida y hostigada por los niños. Al fin el animalito se cansó y embistió contra el picador, derribando al jumento y al jinete; después saltó la cerca, y galopando tomó el camino hasta perderse de vista.
—¡Detenedla! ¡Detenedla! —gritó Dan, corriendo tras la «Suiza», porque la vaca era el animal favorito de papá Bhaer, y si le ocurría algo, sobre él recaería la culpa.