Hombrecitos
Hombrecitos ¡Cuántos saltos, gritos y carreras hubo que dar hasta atrapar a la «Suiza»! Las cañas quedaron abandonadas; los chicos estaban aterrados y sofocadÃsimos. Al fin dieron con la vaca, que, harta de correr, se habÃa refugiado en una huerta. Dan le echó una cuerda al cuello y la condujo a la casa, seguido por la torera cuadrilla, que caminaba afligida, porque la «Suiza» iba empapada en sudor y cojeando por haberse dislocado una pata al saltar la cerca.
—Esta vez te la has ganado, Dan —exclamó Tommy, que llevaba del ronzal al fatigado borrico.
—SÃ, por ayudarte.
—Todos hemos tenido parte, menos Medio-Brooke —observó Jack.
—Pero Medio-Brooke nos sugirió la idea —insinuó Ned.
—Yo dije que no debÃan hacerlo —sollozó Medio-Brooke muy afligido por el daño que sufriera la «Suiza».
—Sospecho que el vejete me va a poner de patitas en la calle; pero no me importa —murmuró Dan, con tristeza.
—Le pediremos a papá Bhaer que te perdone —contestó Medio-Brooke.
Todos estuvieron conformes en solicitar el indulto de Dan, menos Zampabollos, que confiaba en que castigando a uno solo dejasen impunes a los demás.