Hombrecitos
Hombrecitos —No les gusta beber ni fumar.
—¡Qué saben ellos! Papá Bhaer está fuera de casa y mamá Jo no se separa de la cuna de Teddy, que padece anginas. No haciendo ruido, podemos velar sin que nadie se entere.
—Se enterará Asia, porque se da cuenta si la lámpara ha estado encendida mucho rato.
—No lo sabrá; para evitar eso me he traÃdo una linterna sorda; no da mucha luz, pero en cambio podemos cerrarla instantáneamente si alguien viene.
—¿Quieres que llame a Medio-Brooke…?
—No, el «diácono» se escandalizarÃa y nos echarÃa un sermón. Despierta a Tommy, sin armar ruido.
Nat obedeció y al cabo de un minuto volvió con Tommy a medio vestir y cayéndose de sueño, pero dispuesto a divertirse.
—Bueno, a callar; les enseñaré un juego muy bonito que se llama «póker» —exclamó Dan.
Los tres juerguistas sentáronse en torno de la mesa, sobre la cual colocaron la botella, el cigarro y los naipes.
—Bueno, lo primero es beber; en seguida daremos unas chupadas al cigarro, y después jugaremos. Asà hacen los hombres y se divierten mucho.