Hombrecitos
Hombrecitos La cerveza circuló en un cubilete; bebieron todos, aunque a Nat y a Tommy no les gustó el amargo brebaje; el cigarro les agradó menos, pero no se atrevieron a confesarlo; fumaron por turno riguroso hasta marearse los dos novatos. Dan, recordando los tiempos en que alternaba con gentuza, fumó, bebió, echó bravatas y hasta se permitió jurar en voz baja.
—Es cosa muy fea decir «¡Maldición!» —dijo Tommy.
—¡Rayos y truenos! No me prediques; proferir palabrotas forma parte de la diversión.
—Pues, si quieres jurar, di «¡revienta-tórtolas!» —murmuró Tommy, que había inventado esta exclamación y estaba orgulloso de ella.
—Y yo diré «¡demonio!»; suena muy bien —dijo Nat.
Dan se burló de la simpleza de sus compañeros y juró pomposamente, mientras les enseñaba el juego de naipes.