Hombrecitos
Hombrecitos Hummel entró con Medio-Brooke, que se asombró viendo a Tommy reposando tranquilamente.
—Pues hace un momento no estaba aquÃ, porque yo me levanté y no pude encontrarle por ninguna parte —exclamó Medio-Brooke, pellizcando al fingido durmiente.
—¿Qué bromas son éstas? —preguntó Hummel, zarandeando cariñosamente a Tommy. Este abrió los ojos y murmuró muy tranquilo.
—Tuve que levantarme para hacer un encargo a Nat. ¿Quieres dejarme dormir en paz? ¡Tengo mucho sueño!
Hummel acostó y arrebujó a Medio-Brooke y dio una vuelta por los dormitorios sin observar novedad, por lo cual se retiró sin dar parte a mamá Bhaer, que estaba tan ocupada como afligida, velando a Teddy.
Tommy, que efectivamente tenÃa mucho sueño, excusó el contestar las preguntas de Medio-Brooke y se durmió en seguida, sin sospechar lo que estaba ocurriendo bajo la cama. La punta del cigarro no se apagó al caer; la lumbre prendió la esterilla de junco, levantando una llamita que fue corriendo hasta alcanzar los flecos de la colcha, las sábanas y, en fin, el lecho y las cortinas. Tommy dormÃa profundamente a causa de la cerveza ingerida; el humo tenÃa semiasfixiado a Medio-Brooke. Por último, al sentir el contacto del fuego, se despertaron despavoridos.