Hombrecitos
Hombrecitos Franz, al ir a acostarse después de estudiar largo rato, olió la chamusquina; corrió, sin llamar a nadie, al dormitorio, sacó a los chicos de los incendiados lechos y empezó a arrojar toda el agua que encontró a mano. Esto amortiguó algo las llamas, pero no logró extinguirlas. Todos se levantaron asustados y alborotando. Mamá Bhaer acudió en el acto; Silas, con voz descomunal, gritaba: «¡fuego!». Una legión de diablillos en paños menores llenó el salón, chillando y sembrando el pánico.
Mamá Bhaer con gran serenidad, ordenó a Hummel que curase a los heridos, y a Franz y a Silas que llevaran cubos de agua para combatir el incendio.
Los pequeños se hallaban amedrentados y aturdidos. Sin embargo, Dan y Emil trabajaron denodadamente acarreando agua desde el cuarto de baño y arrojándola sobre esteras, camas y cortinas.