Hombrecitos

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Prontamente quedó conjurado el peligro, y la tropa menuda recibió orden de retirarse a descansar mientras Silas acababa de apagar las últimas chispas. Mamá Bhaer y Franz fueron a visitar a los heridos. Medio-Brooke, a más del susto, que fue enorme, sufría una quemadura sin importancia. Tommy se había chamuscado el cabello y tenía en un brazo una quemadura dolorosísima. Medio-Brooke se alivió al poco rato. Franz le cedió su cama, lo consoló y lo estuvo entreteniendo hasta que el chiquillo se durmió. Hummel pasó la noche velando a Tommy, y mamá Bhaer se multiplicó para curar las anginas de Teddy y aplicar algodones empapados en linimento a la quemadura de Tommy.

Por cierto que la buena señora murmuraba de vez en cuando, con algo de satisfacción:

—Anuncié que Tommy pegaría fuego a la casa, y he acertado. ¡Lo dije, lo dije y lo dije…!

Cuando al día siguiente regresó el señor Bhaer encontró a Tommy con un brazo estropeado; a Teddy respirando con dificultad; a Medio-Brooke pálido y asustado; a tía Jo convertida en enfermera y a los chicos muy excitados. Todos lo rodearon y lo llevaron a ver los efectos del incendio.

Merced a las disposiciones de papá Bhaer, todo se ordenó: los niños ayudaron activamente, se suspendieron las clases de la mañana y, por la tarde, el dormitorio se hallaba como si nada hubiese ocurrido.


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