Hombrecitos
Hombrecitos —A un sitio muy agradable, al cual mando a los niños que no están bien aquÃ. El señor Page es persona cariñosa y Dan, si cumple como es debido, lo pasará perfectamente.
—¿No volverá a esta casa…?
—Espero que sÃ; pero depende de su conducta.
Alejóse papá Bhaer para escribir al señor Page; los muchachitos rodearon a Dan, mirándole como se mira al que va a emprender largo viaje por regiones desconocidas.
—DesearÃa saber si estarás bien en tu nueva casa —insinuó Jack.
—Si no estoy a gusto, me iré de ella —contestó tranquilamente Dan.
—Si haces eso, ¿dónde vas a ir? —observó Nat.
—Me embarcaré o me marcharé a California —murmuró Dan, con indiferencia tan grande que pasmó a los niños.
—No, no. Quédate con el señor Page, cumple bien y vuelve con nosotros —balbuceó Nat apesadumbrado.
—Ni me importa saber dónde voy, ni el tiempo que he de estar; pero… ¡que me ahorquen si vuelvo por esta casa! —gruñó Dan rabiosamente, saliendo a disponer su equipaje, regalo de los señores Bhaer.